17.10.13

XXII. "EL CUERPO DEL CINE. HIPNOSIS, EMOCIONES, ANIMALIDADES", Raymond Bellour, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2013




Vampyr, Carl Theodor Dreyer, 1932





Cuando Fritz Lang emprende en 1921 Doctor Mabuse, con sus dos partes, la historia conjugada del cine y de la hipnosis cuenta ya con un largo y rico pasado. Dado que el cine nace también de la hipnosis, en ella y con ella, se entiende que desde sus inicios le haya otorgado un lugar importante en sus espectáculos. Ese lugar no se debe tanto al número de películas implicadas, siempre muy modesto en relación con el de las películas producidas, sino a la calidad de lo que en cada caso, más o menos, se manifiesta. Efectivamente, la representación de la hipnosis como tal actualiza una forma específica de la emoción de dispositivo, en dos direcciones: como emoción intensiva, inscribiéndose entonces en la imagen, en el plano de las miradas, los cuerpos, las luces y las voces, toda una materialidad que intenta captar la realidad de una relación y un estado enigmáticos; como emoción simbólica, puesto que el cine se reconoce así como dispositivo adecuado para suscitar semejante estado y la puesta en juego de ciertas instancias se vincula igualmente, a través del misterio de la hipnosis, con la persona del hipnotizador.

De acuerdo con la historia de la hipnosis, desde los planteamientos iniciales de Mesmer hasta las metamorfosis que conoce con Charcot y otros muchos, cualquier evocación de la hipnosis en el cine ha de tener en cuenta ante todo un doble objetivo. Ambos se mezclan, aunque alguna película pueda parecer más vinculada a uno que a otro o pueda incluso intentar atenerse a uno solo. El primer objetivo es psicológico, terapéutico y médico, de carácter científico o paracientífico. De muchas maneras, la hipnosis no dejará de estar cerca de la realidad del psicoanálisis, según la intrincación de su historia, desarrollándose al mismo tiempo el cine y el psicoanálisis, como ya se ha visto. Por otro lado, se aprecia sobre todo cómo se afirma claramente un objetivo de espectáculo, heredado de una larga tradición: a través de todas las artes de la escena y los lugares que la sirven (teatro, salas de espectáculos de variedades, de ópera, de juego, clubs, etc.), se desprende una complicidad de principio entre el dispositivo de la hipnosis y el del cine (sin que las evocaciones dejen de oscilar de la dimensión privada a la dimensión pública de la relación puesta en juego).

Por otra parte, es sabido hasta qué punto la hipnosis, que puede estar presente en todos los géneros, de la comedia musical al filme negro, también ha inspirado ocasionalmente, por una especie de ósmosis y deslizamiento natural, un tipo de cine que dudamos en especificar como tal, dado todo lo que parece favorecer por sí mismo lo fantástico inherente al cine: el “cine fantástico”, cuyas tonalidades han variado mucho a lo largo de la historia del cine y acredita siempre en sus ficciones (se aprecia claramente del Nosferatu de Murnau al Vampyr de Dreyer) lo fantástico propio de la máquina-cine, capaz de representar cualquier otra máquina así como de simular las representaciones más extremas que pueda concebir la máquina del cerebro humano. Ya se ha destacado más arriba hasta qué punto el cine, desde su nacimiento y por mucho tiempo, tal vez para siempre, se encuentra en una relación de connivencia con el universo de lo fantástico mental cuyo emblema, excesivo y paradójico, han sido las “ciencias psíquicas”, en el paso del siglo XIX al XX. Así, la hipnosis no siempre (...)

El cuerpo del cine, Raymond Bellour








EL CUERPO DEL CINE
Hipnosis, emociones, animalidades
RAYMOND BELLOUR

Contracampo libros 5
16x23cm. - 644 páginas
ISBN: 978-84-941753-0-5
PVP: 26.00 euros