13.10.13

XIX. "EL CUERPO DEL CINE. HIPNOSIS, EMOCIONES, ANIMALIDADES", Raymond Bellour, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2013




Displaced Person, Daniel Eisenberg, 1981







Nadie escoge sus momentos. Van, vienen en cada cual según el capricho de la memoria asaltada tanto por el azar como por el deseo de hacer inventario y de demostrar, de reactivar un choque más o menos antiguo y ofrecerlo para que sea compartido. Hay tantos de esos momentos, tantos y tantos planos de cine. Tantas emociones ligadas a ellos, casi desconocidas hasta el momento en el que una elección repentina los atrae y les dota de una vida nueva y casi excesiva, por su valor de ejemplo. Momentos así le escogen a uno, le escogieron un día, antes de llegar a convertirse en posibles motivos de una argumentación. Por eso no es preciso justificarse, a pesar del orden aparente según el cual, una vez pasados por el cedazo de razones múltiples, se ponen en línea en virtud de algún criterio determinado al que nunca corresponden del todo, siempre a falta de un más o un menos con respecto a la opinión a la que supuestamente sirven pero que, ocurra lo que ocurra, no conseguiría reducir su exceso de vitalidad. La resonancia es para siempre inmensa y desigualmente conocida. En la mayoría de las ocasiones, se mantiene dentro de los límites de la idea que arranca un plano a la película para devolvérselo modificado, por la insistencia puesta en servirse de ese plano tanto como en servirlo, aun a riesgo de eternizarlo. A veces, llega más allá, en una intimidad de sí misma tan inmediata que podrá tardar en reconocerse, en situarse en el tiempo propio de una memoria individual que ante su propia mirada solo puede concebirse como una memoria demencial.

Como esos dos chicos que pasan en bicicleta, al inicio de Displaced Person (Daniel Eisenberg, 1981). Avanzan primero cuatro veces, en un bloque de apenas diez segundos, dejando poco tiempo a cada uno de esos pases idénticos. Que pasaran una sola vez hubiera creado un choque de elipsis, el enigma de una imagen llamativa pero que desaparece demasiado pronto para imprimirse en el cuerpo-mente. Sin embargo, la repetición de la misma imagen en cuatro ocasiones, de ese mismo plano breve, perturba tanto como tranquiliza. Vuelve a empezar como una respiración, pero sin llegar nunca hasta el final. La cámara se desliza igual que la bicicleta para caer en ese fuera de campo singular en el que se convierte de nuevo el principio del propio plano (...)


El cuerpo del cine, Raymond Bellour








EL CUERPO DEL CINE
Hipnosis, emociones, animalidades
RAYMOND BELLOUR

Contracampo libros 5
16x23cm. - 644 páginas
ISBN: 978-84-941753-0-5
PVP: 26.00 euros