8.10.13

XIV. "EL CUERPO DEL CINE. HIPNOSIS, EMOCIONES, ANIMALIDADES", Raymond Bellour, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2013




Cuentos de Tokyo, Yasujiru Ozu, 1953



(...) Primero me resultó casi indiferente, luego ilegible; y cuando surge, me sorprende con una coincidencia cegadora la idea misma por la cual puede intentarse, si no explicar, al menos situar esos efectos de emociones inconexas y cambiantes vinculadas a la materia íntima de las películas. Nuriko [Cuentos de Tokyo] va a casa de su vecina a buscar una botella de sake para recibir a sus padres políticos (“¿Está dormida la niña? — Acaba de dormirse”). Se puede ver o no, a la derecha del cuadro, una masa redonda, traslúcida, inerte, que se parece a una inmensa campana de queso, en la cual no se ve más que blanco. Los suegros miran luego con su nuera una foto de su hijo Shoji, muerto desde hace tiempo. Cuando Nuriko vuelve a casa de la vecina, esta vez para buscar la copa y los vasitos, se adivina una figura que se mueve en el primer término dentro de esa forma extraña: un bebé tumbado boca abajo, que apenas se mueve, con todo su cuerpo, con la cabeza y las manos, como apoyado en la pared de esa especie de campana, que así podría mirarnos desde dentro de ese extraño parque en el que le tienen metido.

Como viendo películas no dejamos de pensar también en las ideas que sugieren, podemos querer reconocer, en ese niño que parece mirar fijamente un fuera de campo sin destino, al infant, al niño de pecho de Daniel Stern: ese infra-espectador originario, cuya experiencia supuesta por la observación de la ciencia servirá así de imagen testigo a la experiencia que la realidad de la película alcanza a modelar, de manera para siempre singular, acorde con el acontecimiento de cada cual, según las películas y según los espectadores de cine.

Para creer en la ficción de esta imagen, finalmente, hay que aventurar una hipótesis, favorecida por la referencia que hace Roustang a Stern. Las emociones que las películas despiertan parecen ser, al menos en una parte variable pero crucial, proporcionales a su capacidad para inventar formas o figuras, fuerzas, acontecimientos de masas y luz, choques de movimientos y tiempo, más o menos tenues o compactos. Pueden quedarse en el límite de todo sistema estilístico organizado o bien contribuir a establecerlo. Estos acontecimientos son físicos, aunque en la pantalla sean incorpóreos. Su misterio radica en que penetran cuerpos cuyo principio relativo es la inmovilidad, donde se convierten en corpóreos-incorpóreos. Su efecto contribuye a producir esa hipnosis ligera cuyo lugar es el cine. La hipótesis viene a decirnos que en el cine, como de manera general en el arte, la emoción, que tan a menudo se considera como su objetivo propio, equivale a la hipnosis por la cual se le califica continuamente. (...)





El cuerpo del cine, Raymond Bellour





EL CUERPO DEL CINE
Hipnosis, emociones, animalidades
RAYMOND BELLOUR

Contracampo libros 5
16x23cm. - 644 páginas
ISBN: 978-84-941753-0-5
PVP: 26.00 euros