9.7.13

RESEÑA DE "SOMBRAS DESOLADAS" EN "ZER. REVISTA DE ESTUDIOS DE COMUNICACIÓN"









Sombras desoladas
Costumbrismo, humor, melancolía y reflexividad en el
cine español de los años cuarenta
José Luis Castro de Paz
Hispanoscope libros, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2012

Una reseña de Carmen Arocena
Zer nº 34, mayo 2013


El título lo indica con claridad: Sombras desoladas no es una obra que proponga un recorrido al uso por la historia del cine español durante la década de los cuarenta. Quien conozca la trayectoria de su autor, José Luis Castro de Paz, está ya sobre aviso porque la producción literaria de este relevante historiador cinematográfico y analista fílmico se caracteriza por una dedicación casi obsesiva al cine de los primeros años de la posguerra. Este volumen es la continuación de Un cinema herido (Paidós, 2002) y de muchas otras reflexiones que, sobre la década de los cuarenta, el autor ha publicado. En ambos libros el objetivo es el de aportar una nueva mirada sobre esta oscura época del cine español, limpiarla de calumnias, hacer brillar a sus obras y a sus autores y, en definitiva, dar esplendor a un cine olvidado y menospreciado por el análisis historiográfico tradicional, incapaz de ver detrás de ciertas obras contaminadas por la ideología y retóricas del franquismo, exquisiteces que reivindicaban la esencia de un arte tradicional español que permanecía dando forma a narraciones y espectáculos a pesar de la quiebra que, en todos los sentidos, supuso la Guerra Civil.

La elección de este periodo de la historia cinematográfica de España resulta paradigmática porque supone el resurgir, con enorme pujanza, de una industria devastada por el conflicto bélico en un país asolado por el hambre. El pensamiento de Castro de Paz va más allá para hacernos ver que muchas de las obras producidas en este periodo dieron de nuevo la palabra a esas clases populares silenciosas y hambrientas a través de unas formas de expresión popularizadas durante los convulsos momentos republicanos que, a pesar de las férreas normas censoras del regimen, resurgen en el periodo de máxima dureza de este, auqnue no sin contradicciones.

Interesado por el nivel de las formas, Castro retomará las herramientas de análisis textual para buscar las apariencias a través de las que se expresa la herencia cultural española. Por ello, en las intenciones de su autor no se encuentra la de dar cuenta de todos los acontecimientos cinematográficos del periodo, sino que intenta extraer de un magma heterogéneo aquello que es significativamente importante y definitorio. A partir de una búsqueda formal que pone el acento en los más densos y singulares discursos fílmicos, Castro de Paz demuestra la capacidad de los cineastas españoles para ofrecer operaciones que, aunque hoy son consideradas de indudable altura estética, no siempre fueron exitosas.

No por casualidad la primera película seleccionada y diseccionada es Rojo y negro, una propuesta de 1942 con la que Carlos Arévalo intentaba justificar el alzamiento rebelde, convirtiéndose en uno de los "más interesantes y complejos filmes de la década y, sin duda, en el mejor sobre la guerra y sus causas", en palabras del autor. El análisis textual apoya esta conclusión y reivindica la importancia de un filme menospreciado e ignorado. El volumen se cierra con la reivindicación de otra película "inexistente" hasta hace pocos años, Vida en sombras de Lorenzo Llobet-Gràcia, estableciendo una estructura circular con la que deja bien clara su intención de arrojar luz sobre un cine escindido en las sombras y, de esta manera, reivindicando su importancia, hacerlo visible.

Entre ambos estudios, el autor analiza el conflicto fundamental que late durante todo el periodo: la búsqueda de un populismo de cariz fascista y la animadversión hacia un material popular identificado con lo republicano que, inevitablemente, surge en un numerosos filmes si se consigue superar un visionado superficial de estos. En contra de la idea comúnmente aceptada, que, con simplicidad, califica a los filmes del periodo como divulgadores del ideario político fascista, la nueva historiografía, representada por Castro de Paz, de muestra que la producción cinematográfica mantuvo los lazos con las tradiciones populares que se habían convertido en un sustrato eficaz de las formas fílmicas del periodo inmediatamente anterior. En este sentido, el sainete fílmico va a ser mantenido y desarrollado y cineastas destacados del periodo republicano (B. Perojo, E. Neville, F. Rey, F. Delgado, E. Fernández Ardavín) continuarán con su producción tras la derrota del ejército rojo.

La función del análisis formal emprendido por Castro es la de poner de manifiesto las contradicciones de un cine que mantiene, con mayor o menor visibilidad, el tipismo de ciertas formas de espectáculo popular de honda raigambre hispana que, mezclado con otras formas foráneas, proporciona el triunfo a los productos cinematográficos del periodo.

El autor señala, además, dos características que revelan la melancolía existencial de un pueblo condenado a vivir con la sangrienta herida de la guerra. La primera es la decidida voluntad autoconsciente, reflexiva y metacinematográfica de un gran número de obras que desvelan la voluntad firme de no creerse sus propias ficciones por medio del artificio retórico de hacer visible el mundo de la representación. la otra es la constante presencia de la fractura fratricida mediante el recurso metafórico de la pérdida femenina (la mujer muerta, traidora o desaparecida, tema de innumerables obras) y sus consecuencias psíquicas, que imprime a los textos inequívocos signos de la tristeza vital que asola al país.

Esto temas aparecen reiteradamente en los estudios de la sobras elegidas del periodo. En él, Castro de Paz no olvida la mención de los autores más importantes de la década de los cuarenta, ni el repaso al desarrollo industrial del cinematógrafo de la mano de Cifesa y Suevia Films. La hibridación de las formas populares hispanas con las de otros géneros y escuelas cinematográficas ocupa una gran parte del libro que muestra un interés especial en aquellos grupos homogéneos formados por cineastas independientes o experimentales, como la llamada "la otra generaciñon del 27" (formada por E, Neville, L. Vajda, los hermanos Mihura y L. Marquina o R. Barreiro en los márgenes del grupo), la "generación de los renovadores" (M. Mur Oti, A. del Amo, J.A. Nieves Conde y A. Ruiz Castillo) o la "generación de los telúricos" (C. Serrano de Osma, E. Gómez o L. Llobet-Gràcia), autores que siempre serán estudiados a través de sus producciones.

La síntesis de este trabajo la expresa el propio autor con las siguientes palabras: "sobre la base nutricia de nuestras formas propias de arte popular (...) el cine español de los cuarenta constituye un corpus fílmico de gran desigualdad pero no de menor riqueza". La finalidad del trabajo de José Luis Castro de Paz no es otra que la de dar cuenta de estos tesoros escondidos.



La sirena negra, Carlos Serrano de Osma, 1947