3.11.12

X. SOMBRAS DESOLADAS. COSTUMBRISMO, HUMOR, MELANCOLÍA Y REFLEXIVIDAD EN EL CINE ESPAÑOL DE LOS AÑOS CUARENTA, José Luis Castro de Paz, Hispanoscope libros, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2012





Don Quijote de la Mancha, Rafael Gil, 1947/48



(...) mientras algunos esperaban –dadas las características y las inmensas posibilidades de la novela adaptada– una versión que expandiese la limitada pero muy meditada asunción del director de la subjetividad óptica –u ofreciese al menos nuevos territorios de problematización– y de los mecanismos reflexivos habituales en su cine, Gil decide centrar todo su esfuerzo en un proceso –en su propias palabras– de “contención realista” que –añadimos nosotros– habrá de enhebrarse en el mismo tejido que su elaborado y pictoricista trabajo de composición de los encuadres. Una especie, entonces, de límite invertido, justo cuando el material de partida parecía ofrecer a priori amplio campo de experimentación en la dialéctica realismo/fantasía que centraba buena parte del interés de su obra anterior. Un último y llamativo eslabón –pues también puede decirse así– de la curiosa trayectoria de un Gil preocupado por las ficciones internas que transforman y multiplican reflexivamente el relato, pero que atrapa sus propias osadías en formalizaciones altamente contenidas.

Pero la idea conceptual de la adaptación estaba clara para el realizador y se resume en una significativa frase suya, utilizada, además, como titular de la entrevista publicada en el citado número monográfico de la revista
Radiocinema: “El Quijote no puede verse más que cómo lo escribió Cervantes”. El objetivo, en fin –y a partir de una “síntesis literaria” realizada con “meticulosidad suma” por Antonio Abad Ojuel y aprobada por Armando Cotarelo en nombre de la Real Academia Española–, era construir una versión escrupulosamente respetuosa, humana y realista. Afirmación sin duda comprensible en boca del director –e incluso de ciertas críticas de la época, tanto positivas como negativas– pero del todo sorprendente en analistas e historiadores contemporáneos.

Sorprenden, en efecto, valoraciones del filme todavía no lejanas en el tiempo que lo califican como una “meticulosa e (in)fiel traducción transtextual” o, en otro caso, por ejemplo, como un texto “fiel, académico, solvente y aburrido”. No solo porque parezca necesario recordar –como escribió Jorge Urrutia hace ya bastantes años– que en última instancia toda identidad cine-literatura es imposible, dado que los signos cinematográficos y los literarios solo existen por formar parte de unas operaciones que no se repiten en ambos lenguajes, sino, y sobre todo, porque –desde el punto de vista del historiador cinematográfico y/o de la literatura– y retomando las ajustadas palabras al respecto de Pérez Bowie:


La adaptación no es solamente una transposición, una especie de calco audiovisual, sino un modo de recepción e interpretación de temas y formas lingüísticas. (...) [E]s, en sí misma, un modo de lectura. Por ello no basta decir que el fenómeno se inscribe dentro de las alternativas ilustración/recreación o fidelidad/originalidad, sino que se trata de una intersección, y no solamente confluencia, de literatura y cine (aunque también de literatura y teatro, de teatro y cine, de pintura y cine).

En definitiva, siguiendo a Michel Serceau, toda práctica adaptativa lleva inherente “una transferencia histórico-cultural” que habrá que estudiar más allá de “las relaciones inmediatas y explícitas que (...) mantiene con la obra original e insertarla en la red de obras literarias y cinematográficas que la preceden y a la vez de aquellas que son producidas en el mismo campo histórico y cultural”. ¿A qué
realismo (en positivo) o ilustración epidérmica (en negativo) se referían y suelen referirse todavía, entonces, los críticos y estudiosos del filme Don Quijote de la Mancha dirigido por Rafael Gil? (...)

(...) las palabras de un lúcido Wenceslao Fernández Flórez que comprende y admira la operación que Gil pone en pie, para señalar que la fértilmente alcanzada aspiración de su película es aumentar las sugestiones de belleza de la obra literaria por caminos semejantes –aunque más amplios– a los que sigue para conseguir un mismo efecto un ilustrador con sus dibujos: “la movilidad –concluye– tiene [aquí] que ceder ante el sentido plástico, que es relieve en acción sobre el friso de los pensamientos imponderables”. Al lograrlo y fijarlo en celuloide sobre el venero de la tradición fílmica, pictórica y costumbrista española, Rafael Gil nos da –en opinión compartida por pocos pero a nuestro entender indudable– la más coherente versión cinematográfica de la obra de Cervantes que en la historia del cine ha sido. (...)


(Del capítulo 6: La segunda etapa de Cifesa.
Hibridaciones, superproducciones. Películas de ambientación histórica)




1947/48




SOMBRAS DESOLADAS
COSTUMBRISMO, HUMOR, MELANCOLÍA Y
REFLEXIVIDAD EN EL CINE ESPAÑOL DE LOS AÑOS CUARENTA
 

José Luis Castro de Paz

17x25cm. - 376 páginas
Encuadernación rústica con solapas
620 imágenes (600 capturas de fotogramas)



ISBN: 978-84-939366-6-2
PVP: 18.00 euros


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