1.11.12

VIII. "SOMBRAS DESOLADAS. COSTUMBRISMO, HUMOR, MELANCOLÍA Y REFLEXIVIDAD EN EL CINE ESPAÑOL DE LOS AÑOS CUARENTA, José Luis Castro de Paz, Hispanoscope libros, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2012





Huella de luz, Rafael Gil, 1942


(...)  en Huella de luz –cuyo guión elabora el propio director a partir de una sinopsis del escritor, autor también de los diálogos–, Gil recurre de nuevo a la tan peculiar presencia estelar de Antonio Casal, y, consciente de la dureza y la amargura del relato original –en el que Saldaña sufre una enfermedad incurable que condiciona todo el trayecto narrativo–, transforma los problemas físicos del protagonista en pasajera debilidad y, a la vez, modifica esencialmente el final del mismo, haciendo que los sueños de Saldaña se vean cumplidos y convirtiendo lo patético y fatal en optimista y romántico, en la línea de la comedia americana de Frank Capra. Con todo, pese a las dudas iniciales, Gil habrá de mostrarse tras el estreno muy satisfecho con el resultado de los cambios realizados (“... creo sinceramente que el final feliz es una de sus virtudes. Si la película tiene por propósito exaltar a los humildes, creo que la mejor manera es llevándoles este mensaje de esperanza y optimismo que es hoy el final de Huella de luz”).

Filme de inusual riqueza, atisbo de un cine auténticamente español en palabras de su director y uno de los títulos más característicos y exitosos del periodo de esplendor de CIFESA (1939-1945), en él se inscriben con nitidez algunas de las contradicciones de la posguerra. Los premios oficiales y los casi unánimes elogios críticos colman, por una parte, las pretensiones comerciales iniciales y –como señalábamos– dan prueba de los óptimos resultados que pueden alcanzarse apoyándose en una cierta legitimidad artística, fundamentada tanto en la base literaria como en un esmerado tratamiento fílmico, en cuya resolución habrían también de ser definitivas, desde aquí y en adelante, las contribuciones del director de fotografía Alfredo Fraile (1912-1994) y del escenógrafo Enrique Alarcón (1917-1995, debutante en Huella de luz como decorador jefe) que se convierten en estrechos colaboradores, y en definitiva en coautores, de unos filmes dirigidos por Rafael Gil progresivamente cuidados en lo plástico, orfebrescos en su elevado concepto de la atmósfera, sutiles en el tratamiento dramático y simbólico del espacio y el decorado, de la luz y la sombra.

Junto a estos aspectos –en los que profundizaremos más adelante–, la historia de un débil oficinista, Octavio Saldaña (excelente de nuevo Antonio Casal, proyección identificativa del espectador, como emblemático trabajador de clase media), que, tras ser invitado a unas lujosas vacaciones, conseguirá, merced a su honradez y fidelidad, el ascenso laboral y el amor de la bella y adinerada protagonista Lelly Medina (Isabel de Pomés), ofrece, junto a algunos de los más reiterados rasgos temáticos de la comedia del primer franquismo (ascenso social y amor interclasista, equívoco de la personalidad –que en su llamativa repetición, ha sido visto como sintomático reflejo del trauma bélico–; el decorado como simbólica figuración del deseo), sustanciales particularidades. (...)


(Del capítulo 4: Escritores, actores y comedias)








Huella de luz, Rafael Gil, 1942




SOMBRAS DESOLADAS
COSTUMBRISMO, HUMOR, MELANCOLÍA Y
REFLEXIVIDAD EN EL CINE ESPAÑOL DE LOS AÑOS CUARENTA
 

José Luis Castro de Paz

17x25cm. - 376 páginas
Encuadernación rústica con solapas
620 imágenes (600 capturas de fotogramas)



ISBN: 978-84-939366-6-2
PVP: 18.00 euros


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