1.11.12

VII. "SOMBRAS DESOLADAS. COSTUMBRISMO, HUMOR, MELANCOLÍA Y REFLEXIVIDAD EN EL CINE ESPAÑOL DE LOS AÑOS CUARENTA, José Luis Castro de Paz, Hispanoscope libros, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2012





Rafael Gil


(...)  Rafael Gil comienza su carrera como realizador de largometrajes con la adaptación del negrísimo relato El hombre que se quiso matar, pero es en cierta forma el inesperado éxito de este título inicial el que va a permitir al debutante director poner en pie poco después –tras Viaje sin destino (1942), sobre la que volveremos– su ansiada versión de Huella de luz. En principio, entonces, como otros títulos ya citados, El hombre que se quiso matar ha de incluirse en un periodo de crecimiento empresarial en el que CIFESA coproduce con otras empresas y organiza los proyectos en función de su diferente coste. La que nos ocupa, por ejemplo, es financiada al 50% por UPCE y su muy bajo presupuesto recibe incluso públicas críticas en la prensa. El propio realizador comentaba, muchos años después, la poca confianza que parecía existir en el proyecto desde su mismo inicio:

[L]a película, mientras la estaba haciendo, como era una producción muy barata, tenía muy mal ambiente dentro de la casa y, cuando se vio el copión, a mí no me gustó nada y a los de Cifesa tampoco; entonces me contrató Casanova para seguir en Cifesa de ayudante de dirección. Yo dije que sí porque lo necesitaba para vivir...

Rodada entre el 20 de octubre de 1941 y el 15 de enero de 1942, tras superar gracias a las diligentes gestiones de la productora una “suspensión temporal e indefinida en todo el territorio nacional” por parte de la correspondiente comisión censora, la película se estrena finalmente el 16 de febrero en el madrileño cine Avenida. Quizás sorprendido por la muy positiva respuesta del público, Casanova llama a Gil –que se encuentra ya preparando como ayudante de dirección la interesante y oscura Malvaloca de Luis Marquina (1942), a la que habremos de referirnos– y le ofrece un contrato de un año de duración y 100.000 pesetas de sueldo total para dirigir tres películas, de las que solo rodará dos: Viaje sin destino y Huella de luz.

Interesa pues –y mucho– detenerse en la accidentada opera prima de Rafael Gil, intentado desentrañar no solo las posibles causas de su éxito popular, sino también los aspectos semánticos y estilísticos que el filme permite vislumbrar de cara a una sosegada comprensión de la importancia del cineasta en el periodo que estudiamos. Así, por de pronto, nos encontramos con El hombre que se quiso matar ante un filme –como luego tantos otros títulos de extraordinaria relevancia en la historia de nuestro cinema, incluido Bienvenido, Mister Marshall (Luis García Berlanga, 1953)– narrado a modo de fábula por una voice-over externa a la diégesis, en lo que supone la versión fílmica de la más sencilla de las formas de autorreferencialidad de las que solía hacer gala la obra del escritor. Dicha posición llamativa y auditivamente demiúrgica del apacible y didáctico narrador extradiegético envuelve y acolcha un discurso de auténtica ferocidad crítica que solo la firma del autor gallego pudo –aunque no sin problemas– hacer permisible. (...)


(Del capítulo 4: Escritores, actores y comedias)





El hombre que se quisó matar, Rafael Gil, 1942



SOMBRAS DESOLADAS
COSTUMBRISMO, HUMOR, MELANCOLÍA Y
REFLEXIVIDAD EN EL CINE ESPAÑOL DE LOS AÑOS CUARENTA
 

José Luis Castro de Paz

17x25cm. - 376 páginas
Encuadernación rústica con solapas
620 imágenes (600 capturas de fotogramas)



ISBN: 978-84-939366-6-2
PVP: 18.00 euros


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