12.7.12

ECOGRAFÍAS DE IMÁGENES VIVIDAS.








En la cabeza de Lady Shangrila resuenan desde hace unos días las palabras con las que Domènec Font finalizó la séptima, última y escalofriante parte del A modo de prólogo de su libro póstumo Cuerpo a cuerpo. Radiografías del cine contemporáneo*: “ecografías de imágenes vividas”.

Entre tanta "urgencia", inmediatez, saturación y empobrecimiento del lenguaje escrito, Cuerpo a cuerpo invita, entre otras cosas, a la serena reflexión a través de un fructífero y estimulante diálogo entre el cine, la literatura, el pensamiento... Sus radiografías dignifican la tarea de escribir el cine, pensar el cine...

Con su característica sonrisa, Lady Shangrila, se asoma de nuevo a nuestras ventanas y nos lee algún fragmento:

“En el corazón de la industria de la cultura y de la sociedad del espectáculo, la conciencia histórica del cine se vuelve problemática (siempre lo fue: la temporalidad de los inicios y de las vanguardias era el futuro; la de la modernidad era el presente vuelto hacia el pasado, la tradición). De hecho, si la historia permanece todavía en activo es a modo de ejercicio destinado a la crítica y a la academia y con muchas reservas. Aquélla porque se ha devaluado (hoy cualquier neófito puede hablar o escribir sobre cine) y ha desistido de identificar tendencias, incluso autores, para no perder sincronía con el presente; ésta porque a su desvalorización general añade la de los historiadores de cine, una congregación que luchó para que el cine adquiriera un estatus de disciplina académica y ahora intenta evitar que el inventario histórico se academice demasiado.

(…)

‘La memoria del cine es el suplemento de la amnesia –señala Erik Bullot en un texto ampliamente referenciado- y muchas ficciones contemporáneas se colocan precisamente en el intersticio virtual entre la amnesia y la reminiscencia cinéfila’. Ningún cineasta aparece vacunado de la melancolía, esa formulación de lo sensible que todavía impera en la lógica cinematográfica. Y es en la mirada-retrovisor donde se forman y cristalizan todas las alucinaciones, así los clichés como las formas fantasmáticas, lo orgánicamente inestable y el agujero negro que fagocita los cuerpos. No es extraño –sigo de nuevo a Bullot- que la figura del post-mortem inquiere tanto al cine contemporáneo. No es solamente uno de los personajes que sobrevive a la catástrofe, es la ficción la que queda afectada de forma epidémica por esas anamorfias salvajes y el juego desconcertante de temporalidades que invocan. Y a esa figura del revenant hay que añadirle otra cercana que en el cine contemporáneo se revela más viva que nunca: el cadáver.

(…) hay un corpus contemporáneo de películas que abundan en la mutación del cuerpo, verdadero laboratorio de ideas para la posmodernidad que ya no piensa en sueños prometeicos sino en amaneceres tecnológicos. Metamorfosis entendida como un lento proceso biológico o como un proceso de mutilación que conecta de forma amenazadora con la animalidad –el relato casi centenario de Kafka sigue plenamente vigente en la medida en que introduce la metamorfosis del hombre en una dimensión estrictamente doméstica-, que enlaza el misterio de la encarnación con la sombra de lo inorgánico, o que entiende la mutación como un proceso simbólico e infeccioso donde el cuerpo parece una zona franca abierta a todo tipo de modalidades parasitarias. La mutación a modo de escenario prototípico de una sociedad medicalizada aficionada al consumo y el exorcismo de los cuerpos y del deseo, así como de una cultura abrillantada por los avances de la biología, la medicina genética y las tecnologías de la comunicación y en la que las máquinas ya se definen como cuerpos científicos. El mutante como personaje-metáfora anunciando el cuerpo post-biológico y el relevo de lo humano. Y que en el fondo designa la forma en la que vivimos y pensamos en la performance virtual del mundo. El factor humano entre bytes. Sauve qui peut, la vie.”


Cuerpo a cuerpo. Radiografías del cine contemporáneo, Domènec Font, Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2012.


Domènec Font